sábado, 31 de octubre de 2009

Chap. 1 - LE CIEL DE BERLIN (5ème Partie)


El punto de reunión estaba cerca. El plan, su propio plan, era perfecto así que todo tenía que haber salido bien. Aunque tratándose de esos malditos alemanes, tan organizados y minuciosos para sus asuntos y tan intransigentes para seguir las instrucciones de un extranjero… Por un instante dudó. Sencillo y transparente, hasta para ellos, concluyó. Los temores eran infundados. Había demostrado que sabía desenvolverse en las circunstancias más adversas y, sin embargo, la única condecoración que había recibido hasta el momento era que le tratasen con absoluta indeferencia como si le estuviesen perdonando la vida.



Recordó con nitidez la mañana del 20 de Abril. Aunque los últimos meses hubiera permanecido como una sombra cerca del refugio, era la primera vez que accedía a el. Le acompañaba Eva Braun o, mejor dicho, Bormann le había asignado la escolta de la mujer como pretexto para tenerle cerca cuando hubiese que ultimar los detalles de la operación. El relevo se había ordenado aquel día coincidiendo con las numerosas visitas que se esperaban. Los fotógrafos y los responsables de prensa del partido se disponían a ocupar sus posiciones en el momento en que Eva daba por concluido su paseo matinal y abandonaban los jardines en dirección al refugio. Él se mantuvo rezagado, no habían cruzado ni una sola palabra, en primer lugar porque su cometido no era el de ofrecerle conversación y, en parte también, porque su mente ya estaba puesta en las entrañas de la tierra. Una delegación del ejército, algunos chicos de las juventudes, los dirigentes del Estado Mayor más próximos al lugar y sus asesores se encontraban esa mañana en el parque de la Cancillería. Reparó en su presencia pero no se detuvo, como tenía por costumbre, en indagar los distintos motivos que les había llevado a congregarse. En la lejanía escuchó los saludos y las promesas de lealtad imperecedera, conocía el ritual, después las condecoraciones y algunas palabras para que los jóvenes soldados volviesen a sus frentes con el ánimo renovado. Los dirigentes, mientras tanto, debían discutir como apurar las escasas opciones que quedaban para seguir con vida.



A pesar de contar, entre otras comodidades, con un innovador sistema de ventilación preparado para filtrar la mayoría de los gases utilizados en los asaltos, le sorprendió que allí abajo el ambiente resultase tan cargado. Antes de llegar al final de la escalinata ya se apreciaba un desagradable olor que debía responder a la acumulación de tensiones que se cocinaban en el último nivel, a quince metros bajo la superficie. En ese aspecto, era mucho peor de lo que imaginaba. Había sido capaz de visualizar las proporciones y divisiones, había contado los peldaños de las escalinatas y calculado cuanto se tardaba en recorrer cada uno de los pasajes que formaban el complicado laberinto de túneles y refugios enterrados bajo la Cancillería, había dedicado varios meses a un exhaustivo estudio de unos planos inertes y, sin embargo, había pasado por alto el único factor que podía variar la exactitud de los números: sus moradores.



Conocía mejor cada rincón del subterráneo de Berlín que el propio Speer, su arquitecto. La Cancillería Nueva era el centro neurálgico de operaciones y se hallaba en el corazón de un complejo de edificios gubernamentales. Bajo ellos existían numerosos refugios antiaéreos para el personal y pasajes que los comunicaban entre sí, pero ninguno se asemejaba al creado por la empresa Hochtief y que Speer había perfeccionado. La construcción se dividía en dos niveles simétricos, cada uno con un pasillo central que dividía las estancias distribuidas a cada lado. Al superior podía accederse desde la Cancillería Nueva y desde la Vieja. En las cuatro divisiones del margen izquierdo se ubicaban la cocina, el almacén, el depósito y el comedor. En el lado opuesto estaban dispuestos el cuarto de los sirvientes, una habitación con varias camas para los auxiliares y una estancia doble con espacio para más dormitorios y un pequeño despacho. Este sobrio espacio comunicaba por escalera con un nivel inferior en el que no se habían escatimado los lujos. Disponía de sala de máquinas y aire acondicionado así como de una pequeña perrera y un amplio baño para las visitas en la zona de acceso. La zona central se había destinado a despachos, la sala de comunicaciones y un consultorio médico emplazados a la derecha y la lujosa suite en la que se instalaba Eva a la izquierda. El espacio destinado para la sala de conferencias se hallaba al fondo, flanqueado por los cuarteles de la guardia y limitando con un estudio y una sala de estar que blindaban la habitación más apartada. El corredor desembocaba en un hall desde el que una escalinata comunicaba con el ministerio de asuntos exteriores. De no ser por la falta de luz natural y las opresivas paredes de tres metros de espesor le hubiese parecido un suntuoso palacete.


0 comentarios

lunes, 26 de octubre de 2009

L'époque précoce (IX-XI)


IX



El niño desencajado

Sólo espera a que el otoño

Deslice sobre él sus senos



A que por los cristales rotos

Entre el aroma sereno

De los valles ancianos



A que las melancólicas hojas

Viertan sabia en su boca



X



He guardado mis trofeos

Sucios

En un cajón de ébano

Sin luz

Tal como fue mi pasado

He recogido al mediodía

La cama

Donde antes desordenaba

Los deseos

He descolgado algunos

Retratos

Que tapaban el bello

Paso del tiempo

Aquel viejo trozo de espejo

Idealista

Lo he escondido en el armario

Cerca de las camisas

Que tocaron mi pecho

He metido la tarde

En mi vacía maleta

Y he partido con ella

Hacia la grandiosidad

De la montaña

Creo

Que en ella olvide

Todas mis ansias de

ETERNIDAD



XI



Aún salto entre las fuentes

De parques soleados

Que acogen en sus bancos

De fragancia verde

A niños y ancianos

Aún persigo la vida

Que se perdió entre mis manos

0 comentarios

sábado, 24 de octubre de 2009

Yann Tiersen (Dédié à Judie)


(Ver texto Original, Francés) Yann Tiersen nació el 23 de junio de 1970 en Brest. Entre los 6 y 14 años recibe educación musical clásica, piano, violín, en Reno. A mitad de los años 80, empapado por la influencia renacentista, descubre el rock y asiste en directo a la irrupción del post-punk. En sus primeras composiciones ya se refleja la variedad de estas diferentes influencias, bases clásicas y una refinada personalidad de multi-instrumentista. En 1995 y 1996, los dos primeros álbumes de Yann Tiersen pasan casi inadvertidos. “La valse des monstres” y “Rue des cascades” le confieren el reconocimiento de la escena de la renovación. Las propuestas escénicas muy teatrales del artista comienzan a forjar su fama más allá de su Bretaña natal.

En 1998, el gran público lo descubre con su álbum "Le Phare”. Su colaboración con Dominique A. le permite, entre otras cosas, publicitar alguno de sus cortes en las emisoras. Es en este período también empieza su carrera de autor de bandas originales para el cine. André Téchiné utiliza algunos de sus títulos en "Alice y Martín”. Eric Zonca escoge " Rue des cascades " en los créditos finales de "La vida soñada con los ángeles ", premiada en el festival de Cannes.


El mismo año, participa en la emisión de radio " Les blacks sessions " de Bernard Lenoir, para el cual da un concierto excepcional en compañía de artistas tales como las Têtes Raides, Mathieu Boogaerts, Neil Hannon de Divine Comedy, Dominique A y Françoiz Breut.. De esta reunión nacerá el directo " Les Black sessions".
"Tout est calme " se publicará en marzo de 1999. Le seguirá una actuación en el Olympia, una participación en un disco registrado por un colectivo de artistas movilizados a favor de los inmigrantes sin papeles y una gira que lo lleva de Europa en Asia para concluir en el Bataclan de París. El año siguiente, realiza la primera parte de Julieta Gréco en Londres e interviene en el nuevo álbum de Françoiz Breut.


En 2001 lanza " L’absente" su popularidad está en auge fruto de sus últimos éxitos. En esta grabación vuelven a aparecer sus compañeros acostumbrados de camino, elección acertada para un álbum muy inspirado: Dominique A, a Neil Hannon, Lisa Germano, y su compañera la actriz Natacha Régnier.
Después llegará "Amélie" de Juan Pedro Jeunet, con música escrita por Yann Tiersen. La película y la banda original consiguen un éxito enorme entre el público. El disco permanecerá varias semanas en lo más alto de las listas de ventas. De este éxito también se beneficiarán sus anteriores álbumes.


Aunque las creaciones nacen en el ambiente de laboratorio de su estudio de grabación, Yann Tiersen también resulta ser un enamorado de la escena. Entre 2001 y 2002, produce entre otras cosas el directo “Printemps de Bourges”, delante del congreso de diputados con ocasión de la fiesta de la música, representado en L’hôtel de Ville de París, actúa en el festival Eurockéennes de Belfort, en La Route du Rock de St Malo, en decenas de ciudades francesas, nuevamente en el Olympia (con tres fechas en noviembre de 2001), en el Real Albert Hall de Londres en febrero de 2002 y finalmente en la Cité de la Musique del que se extra el doble Cd en directo “C’était ici”.


En 2003, firma la banda original de la película Good bye Lenin, de Wolfgang Becker. La película encuentra una gran acogida en Europa. El año siguiente saca el álbum " Yann Tiersen y Shannon Wright ". Este dueto, nacido del encuentro de ambos artistas, es presentado en Transmusicales de Reno en diciembre. En mayo de 2005, sacó el álbum “Les retrouvailles”, para el cual se rodeó de Liz Frazer de Cocteau Twins, Jane Birkin, Dominique A, Miossec y Estuardo Staples de Tindersticks. Después, se lanzó a una gira internacional

Fuente Original:
http://musique.ados.fr/Yann-Tiersen.html
 
Adaptación: David Ghirken

0 comentarios

Biographie de Yann Tiersen


(Ir a Castellano) Yann Tiersen est né le 23 juin 1970 à Brest. Elevé à Rennes, il reçoit une éducation musicale classique, piano, violon, entre 6 et 14 ans. En ce milieu des années 80, il goûte à l’exceptionnelle émulation musicale Rennaise, découvre le rock et vit en direct déferlante post-punk. Ses premières compositions sont déjà à l’image de ces différentes influences, matinées de classique et d’une touche personnelle de poly instrumentiste raffiné.


En 1995 et 1996, les deux premiers albums de Yann Tiersen passent presque inaperçus. «La valse des monstres» et «Rue des cascades» lui confèrent une reconnaissance sur la scène rennaise. Les prestations scéniques très théâtrales de l’artiste commencent à forger sa renommée au delà de sa Bretagne natale.

En 1998, le grand public le découvre avec son album «Le phare». Sa collaboration avec Dominique A lui permet, entre autre, d’entendre ses morceaux sur les stations de radio. C’est à cette période que s’amorce également sa carrière d’auteur de bande originale de films de cinéma. André Téchiné utilise certains de ses titres dans «Alice et Martin». Eric Zonca choisit «La rue des cascades» comme générique de fin de «La vie rêvée des anges», primé au festival de Cannes.

La même année, il participe à l’émission de radio «Les blacks sessions» de Bernard Lenoir, pour laquelle il donne un concert exceptionnel en compagnie d’artistes tels que les Têtes Raides, Mathieu Boogaerts, Neil Hannon de Divine Comedy, Dominique A, Françoiz Breut. Une fois mis en boite, ce concert devient un album live, «Black sessions».

«Tout est calme» sort en mars 1999. Suit un passage à l’Olympia, une participation à un disque enregistré par un collectif d’artistes mobilisés pour les sans papiers et une tournée qui le mène d’Europe en Asie pour conclure sur la scène du Bataclan, à Paris. L’année suivante, il fait la première partie de Juliette Gréco à Londres et intervient sur le nouvel album de Françoiz Breut.

En 2001, fort de ses succès précédents, c’est sous une plus grande lumière médiatique qu’il sort « ». On y retrouve ses compagnons de route habituels, affiche de choix pour un album très inspiré, Dominique A, Neil Hannon, Lisa Germano, et sa compagne la comédienne Natacha Régnier.


Et puis c’est «Le fabuleux destin d’Amélie Poulain» de Jean-Pierre Jeunet, film dont Yann Tiersen a écrit la musique. Le film et la bande originale remportent un énorme succès auprès du public. Le disque reste plusieurs semaines en tête des ventes dans l’hexagone. Ce succès profite également à ses albums précédents.


Si Yann Tiersen s’épanouit dans l’ambiance de laboratoire de son studio d’enregistrement, il est aussi un amoureux de la scène. Entre 2001 et 2002, il se produit entre autres au printemps de Bourges, devant l’assemblée nationale à l’occasion de la fête de la musique, sur le parvis de l’hôtel de ville de Paris, au festival les Eurockéennes de Belfort, lors de La Route du Rock de St Malo, dans des dizaines de villes françaises, à l’Olympia pour trois dates en novembre 2001, au Royal Albert Hall de Londres en février 2002 et enfin à la Cité de la musique dont il tirera le double CD live «C’était ici».


En 2003, il signe la bande originale du film «Good bye Lenin», de Wolfgang Becker. Le film rencontre un grand succès en Europe. L’année suivante sort l’album «Yann Tiersen et Shannon Wright». Cet opus, né de la rencontre des deux artistes, est présenté aux Transmusicales de Rennes en décembre. Récemment, en mai 2005, il a sorti l’album «Les retrouvailles», pour lequel il s’est entouré de Liz Frazer des Cocteau Twins, Jane Birkin, Dominique A, Miossec et Stuart Staples des Tindersticks. Depuis, il s’est lancé dans une tournée internationale.

http://musique.ados.fr/Yann-Tiersen.html

0 comentarios

jueves, 22 de octubre de 2009

Jean - Arthur Rimbaud


Si eres muy joven y cae en tus manos un artículo sobre un poeta que a los veinte años había completado una brillante obra literaria para después desaparecer en África y convertirse en mercader de armas resulta inevitable profundizar en su historia y en sus palabras. Esta curiosidad desbordada me hizo cometer un error en el procedimiento, eran otros tiempos y tampoco podía permitirme un acopio inmediato de todo el material, de modo que tras preguntar tímidamente en algunas librerías decidí que lo mejor era optar por una solución más económica que encontré en la biblioteca pública. Así que tomé una antología poética, por estar familiarizado o, mejor dicho, vinculado como estudiante a estos métodos de asimilación. Y fue un inocente desliz. Empaparse de la alquimia de Rimbaud exige paciencia o al menos clarividencia. Requiere comprender cada frase dentro de sus sentimientos, temores y aspiraciones que al mismo tiempo están bañados en su paradero, su entorno y su época. Y partimos con la ventaja de que todo está documentado gracias a la preservación de su correspondencia. Incorporamos a este legado el automatismo de Internet y veremos que la labor se simplifica.


Evitando la monótona práctica de citar cronológicamente su vida o la presuntuosa y relativa aspiración de interpretarla, prefiero dejar frases, nombres, lugares e incluso un pedacito del mapa del tesoro para que algún aventurero lo encuentre.

"¿No tuve una juventud heroica y fabulosa, digna de ser escrita en láminas de oro, fortuna inaudita?"

"Yo hubiera podido morir en África, roído por el fango y la peste, con el cuerpo lleno de gusanos y rodeado de desconocidos sin edad y sin sentimientos"
Jean - Arthur Rimbaud
(Charleville, 20 de octubre de 1854 – Marsella, 10 de noviembre de 1891)


"El hombre de suelas de viento. Es inútil perseguirlo. Tal es su velocidad que nadie lo alcanzará jamás. Ni yo lo pude alcanzar mediante el crimen"
Paul Verlaine


“Nada banal germina dentro de esta cabeza. Será un genio del Mal o un genio del Bien.”
Desdouets

Enlace con sus obras originales, también disponibles en castellano e inglés:

Otros enlaces y una lectura rápida en wikipedia.

Filmografía: Vidas al límite

0 comentarios

L'époque précoce (V-VIII)


V


Tomó mi mano en su halo de terciopelo

Durmió el corcel desbocado

Y la noche quiso desaparecer galopando

Ante nuestro último deseo

Tiemblan como témpanos mis manos

Cerca de su mirada

Surcando entre nereidas blancas

Los cabellos perfumados



VI

Sólo tengo una ambición

Esperar

Y cuando el violento latido

Deje de golpearme

Me acercaré al sonido

De tu nocturna voz



VII

Has acariciado mis palabras

Y mis palabras tus pupilas

De ámbar negro

Susúrralas si así lo deseas

O déjalas que duerman

Quizás alimenten el sueño

con el paso del tiempo

Ámbar negro

No hay maldad en las palabras

No hay maldad en los sueños



VIII

Espero que no sea pronto

Pero llegará el día

Que olvidaremos

Los hermosos sueños

Nos olvidaremos del pasado

De qué resulto bello

Fútil o pasajero

Quizás no recordemos el miedo

Veremos caminar el tiempo

Los otoños ya vividos

Y pronto olvidaremos

Nuestro propio camino

Olvidaremos ilusiones

Olvidaremos que hemos nacido

Olvidaremos pasiones

Olvidaremos por descuido

Recuerda mi nombre

Si en mí sólo encuentras olvido

0 comentarios

miércoles, 21 de octubre de 2009

L'époque précoce (I-IV)

I


Siento las vorágines alas del ángel negro

En mi espalda

Ya casi no veo


Ataraxia de un ángel maldito


Los ángeles desconocidos también

Sienten amor y orgullo.


II



El ángel sollozó

- te regalaré una lágrima

Me alejaré de mi reino

Pero

¡ oh bella hija de urano!

No dejes de sonreír


III

Abate el cisne dolido sus alas doradas

Sobrecogidos miran ángeles el cielo

Desde una pasión no muy lejana

Desde una prisión o un recuerdo

Parecen clamar cantos de silencio sus alas

Mientras seducen el filo del viento

Mientras se deslizan de madrugada

Y suspiramos ser ángeles ligeros

Buscando otras alas aunque no sean doradas

O buscando aquellas que mataron al cisne

Desnudas de todo cubiertas de nada


IV

Yacía el cisne negro en la fuente

Cuando oyó el grito

De la mañana

Todo se sumía en una calma leve

En un leve latido

De las ramas


El agua le escuchó decir

- me duele el pecho

De abatir mis alas –

El agua escuchó el silencio

De la mañana


0 comentarios

Le Prologue

En realidad, y no muere por ser real, tiempo ha que visité el lecho de Afrodita. Fue donde me conocí, inolvidable e inevitable cómo me reconozco.

Susurraba la primavera en los jardines, descubría el sol lejanos parajes, pálidas las sombras del invierno huían dejando a su paso diamantes en las veredas. Murmuraban los árboles rozados por el viento, acariciados por las leves alas de las aves que, en su incesante trazar de esbelta figura, conmovían aquellos verdes confines. Flores de sutil fragancia, corales tendidos a la luz azul, naciendo como trémulas columnas en el crepúsculo.

En realidad, y no muere por ser real, que aquella inocencia divina mía embriagaba el aire, con el pecho descubierto hasta los huesos, el sol en el cabello, en los hombros, en las rodillas, en la piel láctea. Quizás el primer recuerdo. Así llegué, así era todo desde la colina en el que se encontraba. Ante mis ojos tan sólo medio mundo girando, no me hacía falta volverme para ver si se movía la otra mitad; medio mundo era inmenso y yo el centro, solo, frágil, perdido en aquel lugar, sin pan ni palabras.

Épico y confuso, todo empezó cuando descendí al mar, con el único alimento de un puñado de emociones.




Vida que soñé en sus brazos

Sueño que murió por haber despertado

Virgen de belleza, tosca de ilustración

Vida inviolada, luz azul

Con la inocencia del cielo.



Vida, nunca invitada al jardín de mi poesía,

Porque, a fin de cuentas,

Tú eres su aroma, esencia

Y pálpito de la melancolía

0 comentarios

Chap. 1 - LE CIEL DE BERLIN (4ème Partie)


Inició un rápido análisis para reconstruir los hechos. Las informaciones habrían sido confusas. El rumor difundido de un suicidio en el interior del refugio habría provocado un éxodo masivo de los civiles para no caer en manos de las hordas rojas. Las comunicaciones del Jefe de la Cancillería Martin Bormann también habrían llegados a oídos de los Aliados. Stalin, al representar el peligro más inminente, debía ser el primer receptor. El cruce de informaciones, las reuniones precipitadas, el pánico de unos y las celebraciones de los otros serían suficientes para conseguir un breve alto al fuego. Un margen exiguo de tiempo que no dependía de su plan. Ese era el único cabo suelto puesto que se basaba en una presunción.



Resultaba trágico observar que, aun teniendo en cuenta el estado de excepción declarado así como las evacuaciones previstas para los civiles, los millares de cuerpos yaciendo fundidos sobre el asfalto con las ropas quemadas y consumidos como momias eran la evidencia de una orgullosa resistencia por defender aquel lugar. Supuso que, a fin de cuentas, las columnas de llamas que aún devoraban las calles y plazas de Berlín no significaban nada, tan sólo se le antojaban el testimonio del último y desesperado intento por encontrar una solución improbable a un problema impensable cuatro años antes.


Las conjeturas le sirvieron para tranquilizarse. Prefería reservarse una impresión distante y personal a asumir que terminaría pasando por la incomoda situación de tener que conocer los detalles. De inmediato le invadió la resignación. Sí, lo asumía como parte inherente del pacto. No, no lo necesitaba. La tranquilidad y la resignación eran a veces una misma percepción, como quedarse al borde de un acantilado esperando a que alguien apareciese para empujarle. Las palabras, las fotografías, los fragmentos y pormenores se encontraban por todas partes, de modo que no eran necesarios más detalles. El mundo, sucio y abatido, había llamado a todos sus ejércitos y estos habían acudido al son de una marcha de infinita tristeza, bajo la fina lluvia que siempre les acompañaba. Dirigiéndose a los túneles descubrió como cientos de personas que habían buscado refugio en el acceso principal de la estación habían perecido asfixiados formando una masa retorcida de marionetas humanas. La única persona que vio con vida, una mujer caminando trémula con la mirada ausente, le pareció un fantasma de escarcha y ceniza con los brazos huesudos asomando entre los jirones de su vieja sábana. Fiel a su instinto de supervivencia apartó la mirada, no fuese que una mayor atención le provocara caer en un lapso de lo que entendía por irracional compasión. A esas alturas no estaba seguro de mantener aquella peculiaridad tan humana y no era ni el lugar ni el momento más adecuado para comprobarlo. Nada de lo que había sucedido podría ya despertar en su interior el menor sentimiento de culpabilidad. No había matado pero se hallaba en posesión de la ecuanimidad que le procuraban las innumerables ejecuciones a las que había asistido. Casi no se reconocía, más bien no recordaba quién había sido antes del pacto y en qué se convertiría cuando obtuviese su recompensa.


0 comentarios

lunes, 19 de octubre de 2009

Chap. 1 - LE CIEL DE BERLIN (3ème Partie)


Si en el futuro los historiadores quisieran dejar constancia de lo que aconteció, de este desafortunado suceso y de su posterior desenlace, deberían explicar que, por establecer un cierto paralelismo, la guerra se había extendido como se extiende la peste, sin dejar rincón ni familia infectada por la desgracia. Y de la misma forma, su germen originario había desaparecido. Ahí terminaban los puntos en común. Porque la humanidad seguramente lograría sobrevivir a numerosas pestes y plagas, haciéndose más fuerte, más sabia, aprendiendo primero a combatirlas, después a dominarlas y finalmente, sino a erradicarlas, a desterrarlas y olvidarlas en lugares alejados de su prospera civilización, en la que no había cabida para molestias que alterasen la frenética actividad. Para Alemania muchos de esos esfuerzos habían quedado sepultados en profundos agujeros, cubiertos por muertos y moribundos que no tardarían mucho en correr su misma suerte, sin tiempo para comprender qué había sucedido, ni esperanza para encontrar explicaciones en un futuro cercano. Podían darse por satisfechos, habían alcanzado el más alto nivel de sofisticación hasta el punto de que la destrucción causada era definitiva. Tan pronto pudo contemplar el horizonte comprendió que eso era lo más duro del desenlace, que resultaba inverosímil.



El sólido refuerzo de hormigón armado había resistido el fuerte asedio de los morteros soviéticos pero el centro de Berlín se encontraba sepultado en mitad de una nube de polvo y humo tan densa que le parecía caminar en mitad de una noche polar sin estrellas. Al avanzar, no sólo se percató de que estaba amaneciendo, también el ambiente se le antojaba cálido y enrarecido. Con asombro empezó a darse cuenta del devastador aspecto que presentaba la ciudad y que, si bien había sido en todo momento consciente de la cruel hostilidad, jamás hubiese calculado las consecuencias y el poder destructivo de las ofensivas finales. Enseguida encontró la boca de ventilación que bajaba al subterráneo del metro. Levantó la reja y se aseguró de que la escalera de hierro fuese estable. Descendió con precaución tanteando cada peldaño. Antes de introducirse por completo alzó la vista y contempló que todo el cielo era un resplandor rojizo.

Durante su reclusión había tenido tiempo de escuchar diversas hipótesis y tácticas. No eran detalles de su incumbencia. Su misión, desde el principio, había sido bien distinta y en absoluto dependía de estas u otras deliberaciones, ni podía verse alterada si las mismas conducían al éxito o al fracaso. La decisión era inamovible, aunque no quedase ni rastro de Berlín existía un orden para que cada uno de los que siguiesen con vida abandonasen el refugio el día previsto. El resultado ya no dependía de Berlín, recordó. Eran daños colaterales, predecibles, pudiendo variar su alcance y gravedad en función de los acontecimientos. En la parte más baja de la escala se situaba la remota probabilidad de que la unidad de los aliados se fraccionase. Si hubiese sucedido podía esperarse como mínimo una resolución diplomática beneficiosa. En los valores medios se hallaba la presunción de que la resistencia se prolongase una semana más, siendo más complicado efectuar un pronóstico del estado que presentarían las calles pero advirtiendo que su misión cobraría una importancia vital y que la amenaza en el exterior podía ir desde caer en el fuego cruzado o verse atrapado en mitad de nuevas tensiones y una disputa interna en la que hubiese sido complejo determinar a qué bando pertenecía

La absoluta destrucción que vio representaba la cumbre de la escala: un final inminente en el que ya poco importaba quién hubiese sido el vencedor.


0 comentarios

Chap. 1 - LE CIEL DE BERLIN (2ème Partie)


La noche era ya avanzada. No había luna y la negrura invadía el áspero terreno de escombros y cenizas. No oyó ningún disparo. Los muros de la Cancillería estaban mudos. Al abandonar el refugio y salir a la calle se sintió desprotegido, en cierto modo porque el viento de la guerra soplaba frío y desgarrador, pero la desnudez a la que se exponía guardaba una relación más estrecha con su interior, con la conciencia de si mismo, de las consecuencias pero no de las causas, de la afección pero no de la dolencia. Si había emprendido un viaje cuyo único sentido fuese cargar con el peso de su pasado e ir vaciando los bolsillos de cualquier rastro de arrepentimiento, entonces la evasión terminaría por convertirse en una irónica condena, mayor y más cruel si cabe que la que le inflingirían si alguien llegaba a reconocerle. Recorrer los surcos de su vida suponía querer ver las cosas desde un lugar demasiado distante y sin embargo no haber conseguido alejarse lo suficiente, a decir verdad, ni lo más mínimo del lugar de partida.



Se encogió en su abrigo aligerando el paso mientras intentaba mantener la calma. Debía concentrarse en aplacar aquella idea terrible que trataba de ganar terreno entre la maraña de pensamientos que le rondaban: el desertor, tarde o temprano, se siente desamparado y vuelve pidiendo perdón. Esta inquietud, de persistir, podía acabar perforando su coraza, hacerle ver que, al igual que sus semejantes, él no era más que sentimientos y debilidades encerrados en una cárcel de carne y hueso. No era el momento de desfallecer pero, luchar, qué gran ironía, tampoco sabía si estaba preparado para combatir. A pesar de todo apretó con más fuerza los brazos contra su cuerpo para advertir la reconfortable presencia del viejo revolver Walther. Lo verdaderamente importante era seguir el plan que con tanto celo había trazado: huir. Los demás se encontrarían ya a salvo. En cualquier caso, debía evitar luchar a cuerpo descubierto, teniendo en cuenta sus condiciones ni siquiera hubiese podido ensuciarse los botines en el fango que había dejado las batalla a su paso.


La posibilidad de que utilizase el arma no le parecía aún relevante.


0 comentarios

domingo, 18 de octubre de 2009

Chap. 1 - LE CIEL DE BERLIN (1ère Partie)



“Puesto que los acontecimientos nos superan, finjamos que somos sus organizadores…”
Jean Cocteau


1945, Berlín, Alemania

Poco antes de desaparecer tuvo la certeza de que su mente era universal, una pequeña caja de Pandora, cuya única llave se llevaría consigo allá donde fuese. Dentro estaba todo, que era mucho más que sus propios actos, o sus palabras.

Aquel enigma que sólo él conocía, lejos de comprenderlo en su inmensa complejidad, iba dentro de esa cajita, apunto de cerrarse. Pensó que debía haber muchos misterios y muchas cajitas. Brevemente le asaltó la duda. Imaginó lo absurdo que sería depositarlas, una tras otra, en un colosal estante. Absurdo, con toda seguridad, no podía contemplar la posibilidad de que existiese una persona en la que confiar a esas alturas y que pudiera empeñar su propia vida en la delicada labor de ordenarlas, ni siquiera imaginaba criterio alguno por el que guiarse a la hora de clasificarlas. Planos, nombres, fechas, lugares... No. Se le antojaba injusto y, además, existía la posibilidad de que alguna se extraviase, lo que hubiese sido inaceptable en ese caso.

Cerró la pesada puerta. En su cara se dibujó una mueca, lo que casi era una sonrisa disimulada, escondiendo nostalgia e impaciencia al mismo tiempo. Llevaba algunos días así, entregado de lleno a los cálculos, probabilidades y consideraciones. Tal era la confusión que le producían todos los mundos que había vivido, que restaba importancia a cosas que en otro momento hubieran manejado el timón de su destino. Le alivió escuchar por fin sus pasos, lánguidos y musicales, alejándose de aquel lugar, por última vez.

Aunque la guerra había terminado Berlín seguiría en ruinas


0 comentarios