XII
enterrado bajo el plomizo cielo
de la dormida ciudad
en tierras todavía frías
descendiendo por la ciudad
de luces desnuda
pálida y dormida
todavía fría
enterrado
como una estrella
en cualquier ventana
mirando la ciudad que brilla
XIII
astillas de rancia madera
del domingo
tanta soledad
en el dintel de las despedidas
que ni siquiera
lo vivimos
de hecho volvió a huir
siempre sucede
huye y me condena
a musitar en el vacío
XIV
no busquéis bajo los puentes
del cielo
ni en sus agitadas
corrientes
no busquéis horizonte
alguno
no quiero llantos
ahora
que los espejos del atardecer
rotos
han podido separarnos
y el llanto
en este bosque de otoño
sin hojas
sucumbe a tan amargo
sabor
no arrojéis desde los puentes
del cielo
lágrimas a los mares
prefiero
rosas en mi pensamiento
y el aire
alimentando benévolo
las últimas
bocanadas de felicidad
XV
el día en que las mariposas
invadieron nuestra ciudad
yo callaba bajo un trágico silencio
cuando te encontré
el día que las mariposas
derretían nuestro cielo
llevabas un vestido
de hermoso pánico
caminamos entre nuestros dedos
y el humo suave
devolvía a veces alguna sonrisa
yo callaba proseguimos
tú ya te sentías libre
pero el día era de las mariposas
y mi pobre prisión
dolía más que nunca
todo y nada era especial
todo nuestro camino
nada todo lo demás
creo que siempre llegamos
supimos volver de noche
sin luna cubierta de mariposas
XVI
he envenenado un suspiro
con mi grave silencio
he llenado de dolor
la fuente de los cisnes
degollados ahora
que de su sangre viven
no se arrepienten
mis crueles entrañas
ni los ojos inocentes
que no ven la mañana
no se arrepienten
ha muerto la belleza
de sed de incertidumbre
de rabia de miseria
nunca lo supe
pero belleza no queda
el tiempo la cubre
Etiquetas:
“Les poèmes de l'enfant (1990-1999)"
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